© Guillermo Hernández
Al margen de la Soledad
A solas soy alguien, en la calle soy nadie.
Gabriel Celaya, poeta español.
A menos de un kilómetro del Palacio Nacional de Gobierno donde habita la presidenta de la República se extiende el Jardín de la Soledad; un espacio de apenas 450 m2, perteneciente al barrio de la Candelaria donde reinan la violencia y la marginación, un microcosmos donde el robo, el narcomenudeo y el consumo de drogas han mitigado el tejido social hasta romperlo. Según el sociólogo José Luis Ávila, investigador de campo de la organización social Hibitus A. C., el Jardín de La Soledad no es más que un reflejo crudo y directo de las situación general del país.
La Plaza de la Soledad cuenta su historia desde la época virreinal (1547-1663) cuando se erigió la Parroquia de la Santa Cruz y Nuestra Señora de la Soledad en el antiguo barrio de Coltzingo, al este de lo que fue la antigua Tenochtitlán, en tiempos en que la ciudad todavía se movía en trajineras y canales de agua dulce. En aquellos años el comercio ya era su principal actividad económica y ya era considerado un “espacio de tolerancia” para el consumo de alcohol y la prostitución.
Hoy en día el cuadrante Soledad se encuentra en la frontera de las alcaldías Venustiano Carranza y Cuauhtémoc, entre dos de los barrios comerciales más grandes y más complejos de la Ciudad de México: el barrio bravo de Tepito – conocido históricamente por ser un centro de contrabando y productos ilícitos – y el barrio de la Merced que cuenta con uno de los mercados de abasto más grandes y emblemáticos de México.
Como en toda zona limítrofe la vida no es sencilla , la inseguridad acecha a sus ciudadanos permanentemente, mientras que el tráfico de mercancías y de personas son algunas de las actividades que dan vida y muerte al emblemático barrio.
Transitar la Plaza de la Soledad significa confrontar una serie de realidades que los mexicanos han invisibilizado históricamente. La realidad del indígena migrante que por el día trabaja sin descanso y por las noches duerme en alguna bodega-dormitorio. La realidad de la mujer analfabeta prostituida desde la infancia. La del niño abandonado y dejado a su suerte cuando sus padres fueron encarcelados. La del migrante sin techo que adicto a las sustancias ha hecho de la calle su hogar; o la de los jóvenes segregados que aprendieron que el robo es un juego por el que se vale arriesgar la libertad y la vida.
Como si se tratase de un presagio, este Jardín – de la Soledad – alberga a aquellos que en sus propios hogares no encontraron la salvedad de una vida digna y que eligieron el dolor de la calle como un refugio. Los que conocen el Jardín de la Soledad comprenden con una profundidad distinta el significado de las palabras: soledad, olvido, marginación y violencia.
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Parroquia de la Santa Cruz y Soledad. Fundada en 1663 como una «Capilla de indios» con la misión de evangelizar a la población indigena que habitaba la antigua ciudad de Tenochtitlan.
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Una vecina del barrio de La Soledad rinde ofrenda a la Virgen de La Merced, patrona de la comunidad, pintada en un mural al costado de unos de los edificios habitacionales donde cientos de familias fueron reubicadas después del terremoto de 1985 en la Ciudad de México.
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Vecinos, transeúntes y personas en situación de calle bailan improvisadamente en los pasillos del Jardín de la Soledad durante una transmisión de la radio bocina comunitaria Radio Aguilita que cada jueves se instala en jardín para recperar la historia oral de los habitantes y recuperar sus demandas y necesidades.
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Venus con tan solo 14 años ha dejado su hogar debido a la violencia y el abandono del que era víctima por parte de su familia. Ahora recorre las calles del barrio de La Merced de la mano de su novio 10 años mayor que ella en busca de alimento y drogas.
La esperanza de vida para mujeres en la misma situación que Venus es el comercio sexual, la vida en calle y el ingreso al reformatorio. En esta imagen posa un vestido que ganó minutos antes en un riña callejera con otra joven de 17 años.
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Mirar al otro. Poncho de tan solo 9 años, vive en uno de los edificios colindantes a la Plaza de la Soledad, el jardín y la plaza son usados como patio de juegos donde niños y niñas conviven cotidianamente con gente de calle, trabajadoras sexuales y ladrones. En esta imagen Poncho observa con entusiasmo a un reportero mientras es observado por otro joven en situación de calle apenas 5 años mayor que él.
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Un taller de música tradicional reúne a los hijos de comerciantes de origen indígena con la intención de preservar su cultura y dotarlos de herramientas que les permitan integrarse al ritmo de vida de la Ciudad. Familias enteras migran constantemente desde otras comunidades del país a la Ciudad de México para buscar nuevas oportunidades de empleo. Muchas veces mujeres y niños llegan a la ciudad sin saber leer y escribir y hablando únicamente su lengua originaria.
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Visitantes y comerciantes provenientes de Chiapas y otros estados del sureste viajan continuamente al barrio de la Merced para comprar mercancías gracias a la terminal de autobuses de bajo costo qué opera al costado norte del Jardín de la Soledad, el cual funciona como una gran sala de espera al aire libre. El recorrido de más de 1,000 kilómetros desde Ciudad de México hasta Chiapas tiene un costo de cuatrocientos pesos mexicanos ($23 dlls) y un tiempo de traslado de hasta 22 horas, aunque el servicio no cuenta con las medidas de seguridad establecidas por la ley, la línea de transporte opera diariamente debido a su bajo costo y su ubicación privilegiada en el Centro Histórico.
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Una exhibición de lucha libre reúne a vecinos y poblaciones callejeras durante las celebraciones por el aniversario del barrio de La Merced las cuales se extienden hasta el barrio de la Soledad y barrio de la Candelaria de los Patos.
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Abraham a sus 50 años de edad y en situación de calle es beneficiario de un programa de educación para adultos (INEA) subsidiado por el Gobierno Federal. Abraham estudia por las tardes en el comedor del Centro Comunitario “La Carpa” donde recibe este y otros servicios gratuitos destinados a personas en situación de alta vulnerabilidad qué desean estudiar y no cuentan con el tiempo y los recursos económicos para inscribirse en una escuela formal.
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Turistas…
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Lucy y Fernando eran pareja, vivían y dormían juntos en un rincón de la Plaza de la Soledad. Esta es una de las últimas fotografías de Lucy aún con vida.
Otros vecinos en situación de calle aseguran que una noche Fernando golpeó a Lucy violentamente tras una discusión dejándola en estado grave y sin atención médica… Lucy murió al amanecer de ese día.
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Vecinos se reúnen en la Plaza de la Soledad, justo frente a la parroquia para celebrar una posada navideña y romper una piñata qué fue donada por miembros de la RAIIS. A pesar de las condiciones de marginación de la comunidad, costumbres como esta son inculcadas a los más jóvenes para fortalecer su identidad y su vínculo con la comunidad.
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José Luis ha vivido siempre en uno de los edificios aledaños al Jardín de la Soledad. A la edad de 18 años fue recluido en la prisión de Santa Martha Acatitla por robo con violencia cuando asfixió parcialmente a un comerciante con una llave de lucha libre conocida como La China. Su situación legal se complicó ya que su víctima estuvo varios minutos sin poder respirar y casi pierde la vida, por lo que el cargo de José Luis pasó de robo con violencia a intento de homicidio y por el cual pagó una condena de 5 años.
~ La llave China es una técnica de lucha libre que corta la respiración de una persona hasta hacerlo desmayar. En el barrio de la Soledad una banda de jóvenes identificados como Los Chineros la utilizan para someter y robar a viajeros y comerciantes que visitan la zona en busca de mercancías. ~
Durante más de 10 años José Luis participó como beneficiario del proyecto Nosotros Reciclamos donde aprendió técnicas de reciclaje y recibió apoyo psicológico, de salud y legal. Actualmente trabaja con el artista francés Thierry Jeannot quien elabora piezas de arte con materiales reciclados y que son exportadas a Europa.
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La Central Botánica Tradicional una farmacia de medicina tradicional – ha sido testigo de la transformación moderna de la Plaza de la Soledad. Ubicada a un costado del jardín, sus empleadas apoyan a las personas en situación de calle quienes se acercan a pedir algún trabajo cómo llevar la basura al camión recolector a cambio de alguna moneda.
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Martín
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Martín …
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Martín vive en las calles del Barrio de la Merced desde los 8 años. Hoy, a la edad de 36 años, se gana la vida recolectando PET y otros materiales que vende para ganar algunos pesos.
De la Soledad al Acompañamiento
Entre 2013 y 2018 surgió un movimiento de intervención directa en el Jardín y la Plaza de la Soledad. Organizaciones sociales expertas en el trabajo comunitario de la zona Tepito – Candelaria – Merced, – de lo que geográficamente se entiende como Centro Histórico perímetro “B” – emprendieron un proyecto de intervención y acompañamiento en red para atender las necesidades fundamentales de las diversas poblaciones qué confluyen en la zona. Así nació el proyecto Red de Atención Integral para la Inclusión Social del Centro Histórico mejor conocido en el espacio como RAIIS.
Con un enfoque Social, Cultural, Psicológico y de Salud la RAIIS tomó como base de operaciones el Centro Comunitario “La Carpa” especializado en la atención de poblaciones callejeras. Más de 90 organizaciones, colectivos, universidades, empresas y gobierno se involucraron directa e indirectamente en las acciones emprendidas por la red en los años que estuvo vigente.
De esta experiencia destacan Radio Aguilita, una radio comunitaria itinerante, Habitus A. C. un centro de investigación social, No Somos Colectivo, un agrupación de artistas y gestores culturales, Ixaya-A’tuin una agrupación de psicoterapeutas especialistas en adicciones, Aliados Indígenas A.C. una organización protectora de mujeres y niños migrantes, Fundación del Centro Histórico perteneciente a la familia Slim – dueños de una parte importante del Centro Histórico – y Nosotros Reciclamos, un proyecto de medio ambiente y reinserción de personas en situación de calle.
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Durante los últimos años Lilia ha logrado salir de las calles y ha dejado atrás los círculos de violencia en los que creció. A muy corta edad abandonó su hogar y formó su propia familia, sin embargo la violencia, la marginación y el consumo de drogas fueron la causa por la que el DIF (Dirección Integral de la Familia) la separó de sus hijos y los envió a una casa hogar. Desde 2012 y con el apoyo del proyecto Nosotros Reciclamos Lilia ha luchado por dejar el consumo de sustancias y ha establecido un domicilio formal para un día recuperar a sus hijos. Hoy toma un descanso en el balcón del taller de reciclaje después de una jornada laboral en la que elabora los productos que serán exportados a Europa para su venta.
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Una proyección de cine callejero y una taller de beat box se instalan a un costado de la Parroquia de la Soledad como una estrategia para reducir el la inseguridad en el perímetro de la plaza durante las noches.
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